Hoy después de la gran ducha me tiré en la cama y miré el techo, lejos, muy lejos de mí.

Miré todo; la caja de mi Toshiba, los folletos de la lista C, la foto con mi padre, el dibujo de la Valeria, el de la Feña, la Enciclopedia Hispánica abierta en la A, la maleta-buque, las palabras de Galeano en la pared, la partitura de Bach que escribí en la pared en séptimo básico que no saldrá jamás, las cicatrices de las tarjetas despegadas, los hoyos que dejé en la pared....y finalmente, el libro verde de mi hijo.

El miedo me ha paralizado hasta ahora.
Y no es lo que quiero. No es cómo será now on.
No quiero eso para mí. Definitivamente no es una sensación que quiera imprimir en mi hijo.

Alguien hace un tiempo me dijo esas son mis palabras, no las puedo negar, pero las puedo repudiar. Siento lo mismo sobre varias decisiones mías. Pero también sé que estoy a tiempo de cambiar las cosas. Que puedo y que debo hacerlo.

¡¡¡Listísima para la Nueva Vida!!!